domingo, marzo 21, 2004

Concierto

La música te reconcilia con la vida. Y más cuando es música en vivo.

Krommer - Symfonie nr. 4 in c, op. 102; Hindemith - Die Vier Temperamente, voor piano en strijkorkest; Mozart - Pianoconcert in c, KV 491. Dr Anton Philipszaal, Den Haag, NL.

Hoy me remitiré a la primera pieza, que no conocía. Resultó vibrante, llena de vida, con todo el espíritu de la época. Soberbia interpretación, emotiva, heróica.
El público se dejó llevar, y al final se volcó sobre los intérpretes.

Es interesante la manera de entender la música de los holandeses. Pueden ser un témpano de hielo -como de hecho lo comentamos un par de horas antes, en el café Dudok que está casi enfrente, sobre el Spui-, pero cuando llega el momento de apreciar muestras artísticas son sumamente emotivos. Ovación de pie para los músicos. Flores en el escenario. El director es llamado a regresar al escenario.

Salimos muy contentos y dispuestos a seguir conviviendo. Fuimos a comer, y despachamos dos botellas de tinto. Patricia, dos diplomáticos australianos y yo.
Él, estuvo destacado en México de 1981 a 1985. Estuvo invitado al informe presidencial en el que López Portillo se ofreció para defender caninamente nuestra moneda. Posteriormente regresó, a visitar amigos, en 2003, y hace unos cuantos días estuvo en la embajada para firmar el libro de condolencias por la muerte del expresidente.

Platicamos, nos contó sus aventuras en México -compró un coche y recorrió gran parte del país en sus vacaciones-, y nos dimos cuenta de que se puede querer a nuestro país de muy diferentes maneras, pero por los mismos motivos: la gente, la comida, la música, los colores, etc. Las mismas cosas que extrañamos nosotros.

En fin. Ya se calmaron los vientos de 95 Km/h.

Meche ya salió a pasear.